Taddei se va, pero se va como lo que fue: una presidenta del INE a modo, corrupta y cinica.

 

Guadalupe Taddei no renunció por dignidad. Renunció porque la exhibieron. Porque los videos no mienten: champaña, suites de 200 mil pesos la noche en París, fiestas privadas con sus contratistas consentidos, mientras su hijo y su parentela cobraban del erario y del INE.

 

 

Llegó en 2023 con el discurso de la imparcialidad y se dedicó a hacer exactamente lo contrario. Convirtió al árbitro electoral en una agencia de colocación familiar. Hijos en CONADE, sobrinos en LitioMx, primos y delegados de Morena. Un clan completo viviendo del presupuesto, cobijado por la misma mujer que debía vigilar que nadie se pasara de la raya.

 

Y los contratos. Más de 245 millones de pesos entregados a empresas ligadas a su círculo. Cajas Graf y compañía. No fue casualidad, fue negocio familiar disfrazado de licitación.

 

Su carta es un insulto a la inteligencia. Habla de “proteger a la institución”, de “ciclos que se cumplen”, de “filtrar información”. Lo que no dice es que durante todo este tiempo mintió, que dijo que el chofer no era su chofer, que las declaraciones patrimoniales estaban limpias, que todo era legal. Mentira tras mentira.

 

Sheinbaum la avala, Monreal la aplaude, Morena la defiende. Claro, ¿cómo no? Si Taddei hizo el trabajo sucio: garantizar que el INE no estorbara a la 4T.

 

Se va hoy, 26 de octubre de 2026, pero deja un daño que no se borra con una renuncia. Deja un INE desprestigiado, señalado como lo que es: un órgano capturado por los intereses de quien debía ser imparcial.

 

Que se vaya. Y que la investiguen. Porque renunciar no es pagar. Renunciar es solo el primer paso para que no se salga con la suya.

 

Por: Redacción La Noticia Ciudadana

 

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