
LA MILPA DE LOS OLVIDADOS
La milpa de los olvidados

A la orilla de la antigua carretera Mérida-Campeche, en la zona conocida como los columpios, ubicada en la cierrita, se encontraba una milpa que perteneció en vida a un agricultor maya llamado Demencio Isidro Tut Bacab, tierras que a su vez pertenecieron a sus antepasados.
Corría el año de 1943, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial. Eran las dos de la tarde y un chofer que llevaba en su camión REO un cargamento de pacas de fibra de henequén, iba hambriento. Vio una milpa llena de plantas de maíz, tomate, chile, melones y sandía. Aún le faltaban muchos kilómetros para llegar a la ciudad de Campeche, por lo que decidió bajar del vehículo para internarse entre la milpa.
Pasados unos minutos ya había metido en unos costales de yute bastantes frutos, cuando se disponía a salir del lugar escuchó la voz de unos niños. Él comenzó a seguir las voces. En un momento dado, cuando ya se encontraba perdido, caminó tratando de encontrar el lugar donde dejó su camión, pero el cielo ya vestía sus penumbras. Ahora las voces ya no lo llamaban; lo que en cambio apareció fueron seres de ultratumba que lo perseguían.
El infortunado chofer tropezó y cayó, dejando al descubierto que su cargamento de frutos eran osamentas, huesos humanos de los cientos de espectros que fueron plantados en esa milpa. En su afán por escapar, llegó junto a un árbol grande y frondoso; ahí se encontraba una sombra que con voz sepulcral le dijo:
—¡Bienvenido seas, Andrés, a tu nueva morada!
Del suelo salieron unos brazos esqueléticos que jalaron al chofer hasta ser sembrado en esa milpa.
Se rumora por los poblados y haciendas entre Muna, Santa Elena y Ticul que, entre los años cuarenta y setenta, hubo cientos de desaparecidos. Hasta la fecha nadie fue encontrado.
Durante el periodo de la Guerra de Castas, fuerzas federales de México y mercenarios de Estados Unidos de Norteamérica dominaron el Camino Real, como también era conocida la antigua carretera Mérida-Campeche. Por la crisis de mortandad, entre muertos y asesinados en combate, ejecuciones, falta de alimento y enfermedades de ambos bandos —mayas, mestizos y blancos—, milpas como la de don Demencio sirvieron para enterrar cientos de cuerpos. Don Demencio Isidro Tut Bacab, por no ceder sus tierras para tales fines, fue colgado en un árbol de ceiba.
Las almas en pena de los que fueron sembrados en esa milpa regresan para llevarse a todo aquel que profana la tierra donde aún esperan ser redimidos. Los arrastran al lugar del lamento y dolor eterno.
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