El Día de Muertos no nació el 1 y 2 de noviembre

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El Día de Muertos no nació el 1 y 2 de noviembre

 

Códices mexicas y mayas, las guerras floridas y el hallazgo del Huey Tzompantli muestran que la fiesta original era en agosto y septiembre, y que el altar de muertos actual es una mezcla colonial

 

 

Mérida, Yucatán, 30 de octubre de 2026. Lo que hoy se celebra con pan, cempasúchil y fotografías no siempre fue así. Los códices, las crónicas de los frailes y el altar de cráneos encontrado bajo el Centro Histórico de la Ciudad de México cuentan otra historia, más larga y más ritual.

 

Lo que dicen los códices

 

Para los mexicas, la muerte tenía fecha, pero no era en otoño. Era en el calendario solar de 18 veintenas.

 

La veintena 9, Tlaxochimaco, del 5 al 24 de agosto, era el Miccailhuitontli, la pequeña fiesta de los muertos, dedicada a los niños. La veintena 10, Xocotl Huetzi, del 25 de agosto al 13 de septiembre, era el Huey Miccailhuitl, la gran fiesta de los muertos.

 

Así lo registran el Códice Florentino de fray Bernardino de Sahagún, el Códice Borbónico y el Códice Magliabechiano. En esas páginas se describe que durante esas fiestas se cortaban flores de todas las especies, se hacían guirnaldas para los templos y se bailaba para Huitzilopochtli, Tezcatlipoca y Mictlantecuhtli.

 

 

En el mundo maya pasaba algo parecido, pero con su propio calendario. El Haab tenía 18 meses de 20 días y un mes final de solo 5 días, el Uayeb. Esos cinco días sin nombre eran considerados peligrosos, porque se creía que se abrían los portales entre el mundo de los vivos y el inframundo.

 

El Códice de Dresde, láminas 25 a 28, detalla los rituales del Uayeb, con ofrendas a los Bacabs y a Ah Puch, el dios de la muerte. Fray Diego de Landa lo confirmó en la Relación de las cosas de Yucatán. Ese Uayeb es el origen del Hanal Pixan yucateco actual, que hoy se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre.

 

 

La guerra florida y el tzompantli, la fábrica de muertos sagrados

 

Esas fiestas no podían entenderse sin la guerra florida, el xochiyaoyotl.

 

No era una guerra de conquista. Era un pacto ritual entre mexicas, tlaxcaltecas, huexotzincas y cholultecas para capturarse vivos en un campo sagrado. El objetivo no era matar en el campo, era llevar prisioneros a Tenochtitlan para sacrificarlos en el Templo Mayor.

 

Esos cautivos, llamados malli, eran tratados como huéspedes antes del sacrificio. Su corazón se arrancaba y se ofrendaba a Huitzilopochtli. Sus cabezas terminaban en el tzompantli, el altar de cráneos, la hilera que honraba a Mictlantecuhtli y garantizaba la continuidad del sol y las cosechas.

 

Por eso morir en guerra no era una desgracia. Era el mejor destino. Esos muertos no iban al Mictlán oscuro. Iban al Omeyocan, el paraíso del sol regido por Huitzilopochtli, donde después de cuatro años se convertían en colibríes y aves de plumas preciosas. Por eso la Huey Miccailhuitl era, sobre todo, la fiesta de los guerreros muertos.

 

El hallazgo que lo prueba

 

En 2015, arqueólogos del INAH descubrieron bajo una casona de la calle de Guatemala, a un lado del Templo Mayor, el Huey Tzompantli de México Tenochtitlan.

 

Es el altar de cráneos más grande del país. En sus torres de cal y tezontle se han documentado más de 650 cráneos, incluidos mujeres y niños. En el tramo ya estudiado, el 46.3 por ciento eran hombres y el 37.4 por ciento mujeres, lo que replantea la idea de que solo eran guerreros.

 

Hoy ese sitio se puede ver en el Museo del Cacao y Chocolate, en República de Guatemala 24, en el Centro Histórico.

 

El mestizaje

 

Con la llegada de los españoles, los frailes impusieron Todos Santos y Fieles Difuntos, el 1 y 2 de noviembre. Sobrepusieron la cruz, las veladoras y las imágenes católicas sobre las flores y los cráneos prehispánicos.

 

De esa mezcla nació el altar que hoy ponemos en Yucatán, en Oaxaca y en Michoacán. Conserva el fondo prehispánico, el viaje del alma y la reunión anual con los muertos, pero con fecha católica y símbolos cristianos.

 

En resumen, el Día de Muertos actual no es ni totalmente prehispánico ni totalmente español. Es el resultado de dos calendarios que chocaron, y de un altar de cráneos que terminó convertido en un altar de flores.

 

 

Por: Redacción La Noticia Ciudadana

 

Fuentes primarias, los códices y cronistas:

-Códice Florentino, Códice Borbónico, Códice Magliabechiano, Códice de Dresde y Códice Vindobonensis* para las fiestas, los dioses y el calendario. Ahí viene descrito el Tlaxochimaco como fiesta de los muertos, con Tezcatlipoca, Huitzilopochtli y Mictlantecuhtli.

– Fray Bernardino de Sahagún, Diego Durán y Alva Ixtlilxóchitl para el origen de la guerra florida tras la hambruna de 1450 a 1454.

– Fray Diego de Landa para el Uayeb maya, que es el origen del Hanal Pixan.

 

Fuentes secundarias académicas y arqueológicas:

 

– Arqueología Mexicana para la definición de la guerra florida como guerra ritual, no de conquista, y para los ritos del Miccailhuitl.

– Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM sobre la muerte florida, xochimiquiztli, y el Mictlán.

– INAH, Programa de Arqueología Urbana para el Huey Tzompantli. El hallazgo de 2015 en la calle de Guatemala reveló el altar de cráneos más grande del país, compuesto por cráneos humanos y considerado uno de los hallazgos arqueológicos más significativos del siglo.

– Estudios sobre el tzompantli que lo definen como altar donde se empalaban las cabezas de las víctimas de los sacrificios humanos, sobre todo las de los prisioneros de guerra, y cuyo propósito principal era honrar a los dioses.

– Sobre el destino de los muertos, que los que morían en combate, los cautivos sacrificados y las mujeres que morían al dar a luz iban al Omeyocan, paraíso del sol regido por Huitzilopochtli

 

 

 

La Noticia Ciudadana – http://lanoticiaciudadana.com

 

 

 

 

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